#FlaviayBelénAbsolución

Me voy a valer de mi propia memoria para contar esta historia. Espero que el prisma desde donde lo cuento no distraiga vuestra propia memoria. Espero también que los próximos martes 19 y 26 de enero a las 9:00 seamos muchas frente a la Sala de Audiencia de la calle Julián Camarillo, 11 (Edificio Roble II), metro Ciudad Lineal.

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El verano de 2011, aquel verano efervescente apenas poco después del 15M, lo pasé en Almería. Fui a trabajar a un periódico del cual salí corriendo cuando comprobé que a quienes decidían sobre lo que se publicaba no les interesaba nada más que cualquier morbosidad en torno a prostitución o migraciones. En aquella redacción donde pasaba horas y horas escribiendo (algunas veces algo con sentido, otras no mucho) cada quien tenía sus trucos. El mío era escuchar –en directo o en podcast– los programas de Ágora Sol Radio. Aunque el 15 de mayo de ese año me encontró en Málaga, había viajado a Madrid con Lucía justo después de votar en las municipales del domingo 22 de mayo. Seguíamos lo que ocurría allí como si conociéramos de toda la vida a aquella gente desconocida. La radio y Tuiter eran una manera de estar juntos, de saber cómo les había ido el día a esos vecinos que aún no eran mis vecinos.

Una de las cosas que recuerdo escuchar con gran pasmo era la venidera recepción del papa en la capital, al rededor de la cual se celebrarían las Jornadas Mundiales de la Juventud. Para aquella macro excursión religiosa, todo. Para las voces discordantes, nada. Ya se sentían calientes los ánimos, a pesar del letargo del mes de vacaciones por excelencia.

El 17 de agosto estaba convocada una marcha laica en protesta por la costosa visita de su santidad –aún Ratzinger, cuánto tiempo–. Desde la frontera sur oriental, desde aquella esquina mediterránea, seguí lo que ocurría. Otra vez Tuiter y otra vez la radio. Habían cercado Sol. Durante tres días acotaron la plaza como un ruedo inaccesible, no fueran a ocurrir protestas que afearan la visita suprema. Madrid ya había estado bastante presente en los medios internacionales por los rijosos protestantes que levantaron voces y campamentos contra la corrupción, la precariedad y el hastío… en favor de una vida común, tejida e implicada. No estaría muy bien visto que también con el viaje del papa se produjeran las mismas escenas. Más bien, la imagen tendría que ser la de unas colonias escolares alegres, rezanderas, bien portadas y que además dejaran millones de beneficio al sector turístico de la ciudad.

La manifestación del 17 de agosto estaba comunicada y autorizada. Además, iba a haber suficiente cobertura mediática. Según nos fuimos enterando allí en el sur, el jaleo acabó con ocho personas en la comisaría de Moratalaz, además de varios periodistas retenidos en las inmediaciones de la plaza sin poder informar. Al final de la marcha, al rededor de la plaza secuestrada la policía cargó contra quienes ya daban por terminada la jornada y regresaban a sus barrios. Pronto circularon vídeos de aquel momento, ante los cuales solo nos quedaba clamar lo que ya intuíamos: ¡pero si no han hecho nada!

Esas detenidas, supe más tarde, pasaron dos noches en unas celdas hediondas de Moratalaz sin apenas agua ni comida y sometidas a un trato indigno constante.

El verano aquel acabó, yo me fui de aquel periódico infame y dejé también las eternas playas de Almería. Fue el otoño del 15O, de la internacionalización de redes, de Occupy Wall Street, de muchos grupos de apoyo mutuo fraguándose, de asambleas de vecinos reuniéndose, del aprendizaje compartido en las calles, de la experiencia de tomar parte en la gobernanza de nuestras vidas junto a otros. Yo seguí rodando, pasé unos meses en Bogotá, me alejé un poco de mis vecinos desconocidos de las plazas y también de la radio.

En enero de 2012 me mudé a Madrid. En principio iban a ser 4 meses y acabo de cumplir 4 años. El apartamento al que llegué estaba en el número 8 de la calle Zurita. Si me dejaba caer cuesta abajo llegaba al metro de Lavapiés. No tenía que hacer mucho esfuerzo para subir y estar en calle Atocha. Era extraño no conocer a ninguno de esos vecinos que tanto había escuchado. Los de Tuiter, los de las redes. Me sabía sus historias y sus lugares, solo que no nos conocíamos aún.

A la semana de estar en la calle Zurita y apenas cuando sabía dónde estaba el mercado y a dónde tenía que ir a trabajar vi carteles en las paredes anunciando una fiesta en apoyo a las detenidas del verano anterior durante la visita del papa. Sería en Casablanca –vaya, otro lugar que ya no– a la vuelta de la esquina. Ahí me enteré de que Casablanca era un centro social ocupado y que estaba a un minuto de mi casa. No fui aquel día. Me dio no sé qué no conocer a nadie. Ahora pienso que justo se trataba de lo contrario.

Yo me hice con la ciudad sin mucho convencimiento de echar raíces por la temporalidad de mi estancia. Pasados un par de meses fui todo el día a una jornada organizada por la asamblea del vecino barrio de los Austrias. Recuerdo Cómete la cultura como un lugar en el que quedarse. Hubo un remix de paella como para creer en dios, aparte de charlas impresionantes. Madrid empezaba a ser un sitio en el que permanecer. A aquella gente de Austrias me la encontré unos días más tarde en Sol, en no sé qué manifestación. Siento que en aquellos días pre primaverales de 2012 pasaba todo al mismo tiempo. Me dijeron que se reunían todos los sábados al medio día en la Plaza de los Carros.

Cuando fui empecé a reconocer a todas esas vecinas desconocidas. Empecé también a barrer con ellas nuestro patio común, a compartir problemas y buscar soluciones juntas. Aprendimos a cuidarnos y a importarnos aunque no hubiese afinidad personal entre nosotras. Lo clave es que nos reconocíamos. Y allí, justo en esa plaza, puse cara a dos de mis conocidas virtuales. Flavia y Belén habían sido dos de las detenidas en Sol el 17 de agosto anterior. ¡Pero si ya nos conocemos! Era lo que sentía.

En los últimos cuatro años ha pasado casi de todo. Fuimos a muchas más manifestaciones, dejamos de ir, nos involucramos en otros espacios del barrio, la asamblea se fusionó con otra, nos comimos el periodismo, montamos tres universidades populares, llegó el municipalismo que nos unió y nos desunió (depende de por dónde se mire). Hubo amores, mudanzas, desamores, despidos, desahucios, fiestas, bebés, resistencias, migraciones… ¡pasó un ciclo político más!

Nos hicimos piña, unas veces más compacta y otras más dispersa. Nos conocimos unas a las otras. Los quehaceres de cada quién, las precariedades compartidas y las soledades imbricadas.

Pasaron miles de cosas, menos el juicio que Flavia y Belén seguían teniendo pendiente.

Y de repente esta memoria nos arrastra a 2016 recién salidas del año del cambio. Hemos cambiado todas, nada es menos convulso que en los últimos cuatro años y medio. Y por fin, al fin, hay fecha para el juicio de estas dos mujeres. A Flavia le piden un año y medio de cárcel. Aunque no hubiese conocido a estas dos vecinas, me parece infame. Conociéndolas, aún más. La espera larga no vale más que para amedrentar. Qué suerte tener cerca a estas dos maravillas de personas que no se dejan asustar. Qué suerte la alegría de tener una red en torno a ellas, en torno a nosotras.

Nos vemos los próximos martes 19 y 26 de enero de 2016 (Sala de Audiencia de la calle Julián Camarillo, 11 (Edificio Roble II), metro Ciudad Lineal).

* grabación de la detención en Sol hecha por @fanetin el 17 de agosto de 2011:

* Declaración ante la policía de Moratalaz es un poema de la enorme Mariángeles Maeso:

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hay cosas que no…

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porvenires de verano

vallas_pajaros

«Aparte de mí misma, de la que más me fío es de ti»

Una señora a otra esperando el metro. L5. Dirección Fondo

«Cuando yo salía, porque he viajado, era diferente. No te encontrabas a la gente. Pero después vino todo esto y ahora no se puede ni salir; está todo lleno de gente ahora. Con el 600 empezó eso. Yo ya como de todas formas no puedo salir… pues lo veo todo en la tele, que te muestran hasta los palacios por dentro»

Lola, 87 años, sentada en una banqueta en el tercer rellano de las escaleras que llevan a su casa en Sants. Ha instalado este dispositivo en cada planta para descansar mientras escala a casa

Hay un personaje que siempre anda por el barrio. Por todo lado aparece con su bicicleta. Nunca se le vio subido a ella.

«– ¿A dónde vamos?

– Donde el camarero guapo»

Durante julio, los senegaleses de la esquina estuvieron tejiendo una red de colores. Como de pescar, como malla de voleibol, como red de portería. Debía haber varias labores simultáneas. Al menos dos, en dos esquinas cercanas. No supe si las hilaban o las deshacían como penélopes de tez negra.

El metro escupe una recua de seres que trepan juntos las escaleras y salen a la acera como a través de un aspersor. Los hay de muchos colores, todos tonos entre blanco nuclear y rosa chillón. De los que no hay es de color oscuro, ni moreno, ni mulato, ni negro. Ellos, otros de ellos, están probablemente en un ciudad periférica, turística, llorando la muerte de Mor.

Un diario dice que

«cuando el fallecido ha intentado huir por el balcón, ha sobrepasado la barandilla, ha tratado de asirse a un toldo y se ha precipitado al vacío. Gámez ha sostenido que “no tiene constancia” de que el hombre y los agentes hubieran intercambiado palabras, mucho menos de que hubieran tenido contacto físico»

La recua embadurnada con aftersun que se dispersa por la Barceloneta probablemente nunca sabrá quién es Mor.

«– Are you a local, catalan

Zagal imberbe, presumiblemente turista y borracho. Passeig de Colom una noche de agosto.

alejandra negrete

yesenia quiroz

mile virginia martín

nadia vera

rubén espinosa

no es lo mismo leerlos de arriba a abajo / de abajo a arriba. No suenan igual. Ahora, la boca pastosa y la sensación de espesura y de bochorno y de rabia no desaparecen de ninguna de las dos maneras.

«Cuanto más vives, más espacio necesitas»

Publicidad de trasteros de alquiler en los vagones del metro.

CHIP GIFTS HERE 0,60€

tienda en el Barri Gòtic, de camino hacia Vía Laietana

«– ¿y la outra chica, non está?»

Mila. La vecina de la calle perpendicular.

11 de agosto. 16:05h. Para da de autobús L6 en <Marina>

«– pardon, la sagrada familia?

ajá, por allí, ¿la veis?»

y seguido

«– excuse me, the beach?»

cruza aquello del local catalan

y sigue

«– excuse me, can you help me find…

///mapa roto por todos sus dobleces///

… this. Sagrada Familia. There?»

«– hola, buena tarde. No vengo ni a vacilar ni a ligar. Vendo pulseras. Cada una es de un color y una piedra diferente con significado…

– no, muchas gracias

– vale, merci

– que tengas buena tarde»

NOC NOC

«– mi ninha, me dejarías dois eurinhos para comprar pão e leche, yo te los traigo amanhã»

«I am old myself and also need to be looked after at times». La amiga de mi abuela en un mail a la familia preocupada porque cree que su amiga, la de toda la vida, puede tener alzheimer.

Ellos dos: venden servesa bier

Ella: vende frutafresca, watermelon, piña, melóóón

La playa está repleta de gente hoy

«– perdonad, hay policía?

– sí

– secreta o normal?

– los dos

– gracias»

Los tres se sientan en la arena a que escampe.

Se tiene que vivir más tranquilo sabiendo que los auriculares que llevas en la playa con los que silencias el sonido del mar y el juego de los niños de la familia vecina tienen una etiqueta CE de homologación de la Unión Europea.

Del otro lado de la orilla hay personas asidas a trozos de plástico, de caucho, de barca, de nada a las que se les niega un papel, un sello, un permisito de esta misma Unión Europea. No son CE.

«– filha, vou ter que ir al hospital del mar, ¿no tendrás una tarjeta para el bus?»

«Una diferencia: el criollo veía con desprecio natural los resultados de las mezclas: mestizos, castizos, mulatos, coyotes, moriscos, albinos, chinos cambujos, barsinos, torna-atrás, lobas, tente en el aire, y demás muestras de la falta de continencia en la descendencia. El CEO observa con desdén natural los resultados del entreveramiento de los perdidos y sus iguales, los nacos, los pelados, los oaxacos, los indios patirrajada, los de aspecto de chofer de combi, los de la aureola de “ya jamás la haré”, los burócratas de ventanilla, los profes, los compas, los ñeros, los nativos, los olorosos a central camionera, los dejados de la mano de Dios, los chavos banda, los acróbatas de esquina, los de la economía informal y el aspecto informal y el porvenir informal…»

Leyendo APOCALIPSTICK…

… y también a LUZ

«(…)

bañándose en ropita de poner      de pudor

de por encima      de por menor

sin porvenir»

«– fui, fui al hospital. Me han dicho que tengo una infección aquí. Pero como non tenho tarjeta, não me atienden, nada más como turista. E ya llevo mais de veinte anhos viviendo aquí. Primero en aquela casa. Luego un día, faltaba mais un día para pagar solo, vinieron y nos sacaron. Fiquei con todas las cosas na calle. Y un senhor, ele me disse que puedo ir a aquela casa donde fico ahora, que estaba llena de basura y tivemos que limpiarla toda y arreglar el suelo y el banho y la luz. Ya ha cinco anhos de eso»

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notas a partir de miradas y escuchas discretas y no tanto en Barcelona y Madrid;

lectura de Apocalipstick (de Carlos Monsiváis) y tra(n)shumancias (de Luz Pichel);

más prensa, noticias y redes sociales.

Verano 2015

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Lo que no despasa

Dibujo de Enrique Flores. 24/5/15 en la Cuesta de Moyano. Todos sus dibujos del día aquí http://www.4ojos.com/blog/?p=12585

Dibujo de Enrique Flores. 24/5/15 en la Cuesta de Moyano. Todos sus dibujos del día aquí

Ayer salí a votar con una mezcla de contradicción, incertidumbre, ilusión, responsabilidad, recuerdos, cariño por esta ciudad, admiración por la campaña de Ahora Madrid y las implicaciones personales de tanta gente. También con un poco de miedo. Los cambios serán los que se sean, pero este paso ya es imparable.

Hace un tiempo que llevo acordándome de aquello que decíamos: “lo que pasa no despasa”. La ola mediática personalista, volver a mirar a las instituciones, la necesidad de valorar de nuevo lo electoral y el perpetuo discurso televisado me hacía ver esa frase borrosa. No encontraba los gestos aquellos “que no despasan”. Los intuía diluidos. No sé dónde, pero dispersos. Pensé incluso que agotados.

Hoy siento en la boca el sabor dulzón y pegajoso de la resaca. El mareo de haber abrazado a tanta gente anoche, de haber visto caras de ilusión, ojos muy abiertos, sonrisas muy anchas. Un runrún de vértigo, de saber que vienen curvas, que va a ser muy complicado, complejo, incluso sucio.

Pero en medio del vértigo recordé el mantra. “Lo que pasa no despasa” volvió a tener sentido.

Anoche en la Cuesta de Moyano tenía el escenario muy cerca. Lo veía desde un ángulo lateral. Y ocurrió. Ocurrió que Guillermo Zapata anunció que a continuación subirían “los dos pablos”. Al primero, Pablo Carmona, lo presentó con apellido. Y subió y qué alegría escucharlo. Del segundo solo dijo “ya sabéis quién es”. Yo estaba muy segura, convencida de que sería Pablo Soto, que no necesita presentación. La decepción. No entraba en mi entendimiento que quien “ya sabemos quién es” fuera Pablo Iglesias y estuviera arriba, ahí en frente. Mi pequeño cortocircuito interno decía al tiempo “qué ingenua eres” y “no es posible: hoy no es el día de esto. Hoy es el día de la política de cualquiera”. A Iglesias lo jalearon con un sonoro “¡presidente, presidente!” y en nuestro corrillo bromeábamos “¡un líder, un líder!”.

Y entonces pasó. Iglesias hablaba, no recuerdo de qué, con ese tono que suena lejanamente a rap. Y la Cuesta lo hizo. Empezó a llamarla a ella: “¡Manuela, Manuela, Manuela!”. Iglesias desistió. Se despidió. Bajó un poco atropellado. No era la plaza de su ego, era la plaza de todas y cada una de las manuelas de Madrid.

Y el runrún. Ya sabíamos que Ada sí, que Barcelona lo había hecho. Y que el quiebro era seguro en otras tantas ciudades. Comenzaba el mareo, el vértigo y el sabor. Comenzaba la certeza de que es posible hacerlo con cualquiera, con muchos cualquieras. Que lo que llena, moviliza, cuida y cambia viene con ellas. Con formas que resuenan a mujer. En definitiva, que lo que aprendimos a que pasara se estaba repitiendo con otras maneras, otras personas, otros estilos. Que no había despasado… solo se había transformado.

La cruda, el guayabo, la resaca está ahí. Bajo a la calle por la mañana. Hago alguna llamada. La boca dulzona, la cabeza abrumada. Camino hasta Esta es una plaza. Está abierta. Menos mal. Hay chavales saltándose alguna clase, madres y padres con niños pequeños, gente que lee y otros que pasean. Dos o tres trabajan en el huerto. Un señor se acerca. Ha cosechado una caja de fresitas pequeñas. Las lava detrás de donde me siento. Se acerca y me ofrece. “¡Pero coge un puñado!”. Están deliciosas. Recorre el solar dando fresas a niños y adultos. No es ni la una de la tarde. Hay un Madrid de cualquiera que seguir cuidando en común. Entre todas, vigilando lo que hacen quienes han ganado. Aunque hoy, mientras dure el sabor, hemos ganado todas.

Esto es una plaza. 25/5/15. 13h

Esta es una plaza. 25/5/15. 13h

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Qué se quiebra al cierre de una campaña

npfe_leeuwarden5Casi nunca entiendo nada. Intento leer, seguir movimientos, conocer los intereses detrás de cada convocatoria, conversar y escuchar hablar sobre lo que pasa a la gente afín. Y a los no tan afines también.

Hoy ocurre que hace cuatro años, con el 15M en todos los poros de muchas de nuestras pieles (nuestras: no activistas, no politizadas, no particulares, sino de cualquiera) éramos muchas las que nos quedamos en las plazas desafiando la sacro santa –y para muchos ridícula– jornada de reflexión. Ni la Junta Electoral, ni los medios, ni la policía… nadie atinaba a entender cómo un montón de personas que no se conocían, que no estaban organizadas y que no tenían nada inmediato que ganar permanecían charlando en cada plaza, junto a cada acampada, en cada ciudad, en vez de retirarse a casa al rincón de pensar. Lo que ganamos fue colarnos por una grieta inesperada y afectarnos por la idea de hacernos cargo de lo que afecta al común.

En unas horas comienzan de nuevo 24 horas de reflexión. Pero con muchas diferencias. Al mismo tiempo, justo ahora, están ocurriendo los cierres de campaña de muchas candidaturas que no hubieran sido posibles sin aquello que empezó en 2011. Municipales, regionales…

Casi al mismo tiempo hay dos convocatorias en Madrid.

A las 21:00h, la candidatura de Ahora Madrid con la esperanzadora Manuela Carmena a la cabeza celebra el mitin de fin de campaña en Conde de Casal.

A partir de las 22:00h, distintos colectivos –que llamamos “del 15M”, es decir, que emergieron de alguna manera gracias al clima, los afectos, las necesidades y los encuentros producidos desde hace cuatro años– se juntarán en Sol para un grito mudo de reflexión colectiva. Es decir, para eso que tanto desconcertó la primera vez.

Surgen dudas. Parece que el clima de lo primero ha desplazado al impulso de lo segundo. Parece que vivimos en un momento en el que hay que elegir. Dentro o fuera. Conmigo o con los otros. Institución o calle. Asalto institucional o desobediencia.

Me cuesta imaginar qué pasará después del domingo. Tanto si hay un vuelco institucional considerable como si no. Me ilusiona que ganen quienes se han organizado para ello. Pero también que no dejemos de pensar en esos detalles de los que aprendimos. Que delegar no sirve si no nos hacemos cargo. Que actuar no vale de nada sin cuidar. Y de que los movimientos más inesperados, más desconcertantes, son muchas veces los que nos hacen querer continuar.

* A propósito, recomiendo esta entrevista que el blog argentino Lobo Suelto le hace a Amador Fernández-Savater a propósito de estos cuatro años.

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“Porque ha principado mayo, y ha finalizado abril”

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Mis queridos compañeros,
mas yo no se conque fin,
me trae con los instrumentos,
a estas horas por aquí,

A dar el mayo a la virgen,
pues traemos este fin,
porque ha principado mayo,
y ha finalizado abril.

Wikipedia: Mayo a la virgen

Ayer que fue domingo, 10 de mayo, el barrio estaba lleno. De sol, de calor, de turistas, de vecinos, de propios y extraños, de cuadrillas de partidos repartiendo propaganda electoral para las municipales del 24 y de familias enteras vestidas de goyescas. Hay que decir que para el calor que hacía, un traje de terciopelo hasta los tobillos, corpiño y tocado de borlas igual no parecía lo más cómodo. Y que las niñas más pequeñas vestidas con tales atuendo eran bastante inquietantes. Y que cerca, muy cerca de toda esta celebración repartían flyers de VOX (¿quién les vota? no lo sé).

La cosa es que la calle estaba tomada y no solo por fiesta, por turismo y extraños hipsters gentrificadores. Había de todo, mezclado, amalgamado, heterogéneo. Tradicional y lo contrario (que no sé muy bien lo que es). Casposo y revoltoso. Terciopelo y estampado de colores.

¿Era ayer, en medio de todo, nuestra calle una calle política?

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Amigos abrigos

friends_dancingLlega el tiempo de desvestirse, de quitarse los abrigos y guardarlos para el invierno siguiente. Cada uno en su armario, en su bolsa de plástico de esas de cuadritos y asa y cremallera, en su gancho correspondiente. No suelo dedicar tiempo al ritual de cambiar la ropa de temporada. Creo que no es un ritual para mí porque no crecí haciéndolo. Allá donde crecí no hay estaciones. Te ponías la misma ropa todo el año.

En Madrid, donde vivo en una casa de dimensiones que obligan a cuidar dónde guardas qué, cómo y para cuándo, hago ciertos malabares para encajar en su sitio el tetris de las cosas.

En los últimos años apenas compro piezas de ropa. Las que encuentro siempre son de segunda mano y no suelo consumir en grandes tiendas.

Pero con los abrigos es diferente. Esta semana he reparado en que tengo que guardar prendas, cambiar otras de sitio, embalar lo que no se utiliza –cosa que no he hecho aún– y al imaginar el tetris necesario me he dado cuenta de la procedencia de lo que me abriga.

Por diferentes razones, las chaquetas y abrigos que me acompañan provienen de regalos y herencias amigas. Todos tienen una historia y varias manos que han pasado por ellos.

Hace casi dos años que C. y E. se fueron a vivir al extranjero. Entonces en su recogida de trastos y mudanza, llegaron a mí dos cosas. De él, una chaqueta vaquera azul. Grande para mí, de corte masculino y sin un par de botones. Me acompañó muchos días hasta hace tres semanas que me la robaron en una fiesta en Sevilla. En esa misma mudanza apareció un abrigo tres cuartos verde botella –más oscuro, en realidad más cerca a #012B1D– que C. había comprado hacía años ya usado, creo que en Los Ángeles, a precio de saldo. Precioso, aunque había que cambiarle el forro interior. Un simple remiendo no era suficiente para impedir que el abrigo se deshiciera. Me lo quedé y al cabo de unos meses, hablando con otra amiga costurera, A., me ofreció probar con el cambio de forro. Era la primera vez que cosía el forro completo de una chaqueta. Buscamos la tela adecuada. Yo la llamo paño “de cuadritos”, pero cualquier empleado de los almacenes de telas (siempre son hombres elegantísimos de cierta edad) me corregiría diciendo que es viyela. Quedó perfecto. Y me ha acompañado dos inviernos. Cómo reconforta que ambos amigos ya estén de vuelta, cerca.

Hace unos diez días, tras perder la chaqueta vaquera de E., me encontré fugazmente con L. en Amsterdam. Una coincidencia muy veloz. Nos dio tempo a dos cervezas y a pasear y abrazarnos y contarnos solo lo más importante. L. vive fuera también desde hace tiempo y lo habitual es echarla de menos. Me preguntó con gran preocupación si tenía hueco en la maleta, que me tenía que llevar una cosa y era voluminosa. Su abrigo de piel. Que se está deshaciendo poco a poco de las prendas que contengan materiales provenientes de animales. Y como siempre me ha gustado su chaquetón de piel (¡y esos botones enormes preciosos de otra época!) quería que me lo quedara yo. Y uf, otra capa más de abrigo. Lo traje a casa. Ya no hace tanto frío y no lo he utilizado. Pero ay, da calorcito.

No es lo único. También está “la chaqueta de joven” de mi papá y esa otra grande que mi hermana me dejó porque no le cabía en la maleta.  C. (otra C.) me regaló ese suéter de lana bordado con flores de colores hace unos meses en Barcelona. Y podría hablar de varios objetos y prendas más. Todos los han cargado al menos un par de hombros antes que los míos.

Ayer B. me escribió. Se despide diciendo “no me gusta la idea de creer que dejas de ver a las personas que les tienes un estima fuerte”. No nos vemos hace 4 años. Entonces también me traje de ella una camiseta que me ha acompañado tanto.

No calma la saudade, pero los objetos de otros que pasan a mis manos para cuidarlos, cuidarme y abrigarme, también abrigan esas relaciones pausadas por la distancia.

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