María

Sentados en el Café de la Catedral, esperando un café y una deliciosa baguette, se acerca una señora bajita y delicada a pedir una moneda. Con un gesto despectivo, arribista y arrogante, la primera reacción de nosotros -niños ricos que se pueden tomar ese café en la plaza más importante de la ciudad- fue decirle que no. La señora insiste muy amablemente y, ante sus palabras, cedemos y le damos cinco pesos.

Entonces nos agradece y nos bendice. También dice -con su voz muy suave- que nunca acabemos como ella. “¡Así de viejos como yo sí! Pero nunca pidiendo monedas en la calle”. Nos cuenta que tuvo ocho hijos, de los cuales sólo le quedan dos y están enfermos. A pesar de su discurso dramático, no es para nada victimista. Tan sólo nos está contando lo que le ha pasado en la vida.

Después de un rato charlando con ella, le preguntamos si no le molestaría decirnos su edad. Ella responde “¡Claro que no! ¿Por qué tendría yo vergüenza de decirles mi edad? Tengo 112 años”.

Atónitos y sin creer lo que nos estaba contando, nos comentó que no recuerda exactamente el año en que nació, pero sabe que tenía 12 años cuando comenzó la Revolución. Y eso fue en 1914. La cuenta no llega exactamente a 112, pero eso es lo de menos.

Al rato, se despide de nosotros. Cuando ya se iba, no podemos resistir y le preguntamos su nombre. “Me llamo María” -responde.

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Acerca de Carmen Lozano Bright

Carmen Lozano Bright. Periodista e investigadora. Trabajo en goteo.org
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