«No es verdad, ángel de amor, que…»

Ayer, Nuria Varela publicó este artículo el La Marea reflexionando sobre la pertinencia de la representación de Don Juan Tenorio en un espacio al aire libre recuperado por la ciudadanía en Madrid, El Campo de Cebada. Resulta que este lugar va a ser escenario el próximo puente de noviembre de la obra de Zorrilla por tercer año consecutivo. La compañía que la representa ha hecho una campaña de crowdfunding para conseguir 4.000€. Y entre los argumentos que más defienden para la representación de la obra destaca 1) que de otro modo esta obra clásica se perdería por completo, 2) que forma parte del acervo cultural y la tradición literaria indiscutible de este país y 3) que es positivo llevar el teatro a la calle y bajar las obras de los escenarios cerrados para disfrutarlas como es de recibo: en comunidad.

Ay madre, ¡qué chicken se ha montado! De repente muchos de los comentarios (no todos, ojo) que suscita este artículo tanto en la web como en las redes sociales son en su mayoría negativos hacia el contenido e incluso insultantes hacia la autora. Ni siquiera voy a entrar en las reacciones que califican a la autora de no tener criterio, etc. Alguien que no es capaz de entrar en una discusión a disentir con argumentos y sin insultos no merece atención. Ellos son simplemente SPAM.

Pero sí quiero comentar reacciones al contenido. Llegué a leer que criticar la puesta en escena de una obra de teatro de estas características y la quema de libros son prácticas que se rozan y que la línea no es tan gruesa entre una cosa y la otra. También comentarios que pasan por estúpidamente obvio el hecho de que Don Juan es un personaje extremadamente machista y reducen estos valores a «cosas de otra época». A cosas que ya no pasan.

No sé vosotros, pero yo veo (y sufro) donjuanes todos los días: tipos que hacen alarde de su condición de macho para gritarte –so called- piropos en la calle; comentarios que ridiculizan, infantilizan y etiquetan de vulnerables a las mujeres sólo por el hecho de serlo; parejas en las que el modelo de amor romántico chico-conquista-chica se repite una y otra vez. Veo en las noticias más de 40 mujeres asesinadas en lo que va de año a causa de la violencia machista y veo legislar políticas de represión hacia las mujeres avanzando de manera escandalosa… Veo el machismo que representa Don Juan por todas partes: a la derecha y también mucho a la izquierda, en asambleas y en manifestaciones, en política y en empresas, en el mundo cultural y en el científico, en periodismo y en educación. Por eso no me sirve el argumento «son comportamientos de otra época», «eso ya está superado» o «obviamente el machismo del Tenorio está sobreactuado: eso ahora no ocurre».

Después está un argumento con el que me topo también casi todos los días y en este caso se repite: la máxima de que toda la cultura es buena per se. Bueno, pues depende. Hay cosas buenas y otras no. En este caso concreto, una obra que exalta valores machistas se tolera y se aplaude «porque es tradición literaria», no me resulta atractiva. Prefiero -y más si cabe en espacios que defienden lo horizontal, lo colaborativo, lo P2P- representaciones culturales no excluyentes. Ojo, sí me parece muy atractivo que decenas de personas representen una obra en un espacio abierto y que se involucren en el cuidado del propio espacio. Me parece que hay que desligar una cosa de la otra.

Esto último va de la mano de esa concepción de que el artista es intocable. Pues de nuevo, no. El artista -el actor, el escritor, el que pone su cuerpo para expresar algo, para contar algo- no existe sólo para ser aplaudido. Tampoco para ser objeto de escarnio público, eh. En su papel está (debería estar) la controversia, el cuestionamiento, el argumento y la capacidad de ver en un diálogo los motivos del otro. Abrir debates sobre temas que crean controversia es espinoso, sí. Pero prefiero mil veces abrirlos y dialogar desde el disenso que desde trincheras de opiniones blindadas. Me sorprende que para ciertos debates lo que valoramos como positivo sea la liquidez de los procesos, lo indefinido, lo disperso, lo distendido y para otros temas no seamos capaces de bajar de la atalaya. Debate sí, pero desde el diálogo de posturas. Me interesa más que el arte sea una actividad de todos y no sólo de quienes participan directamente de su creación. Me interesan más obras de arte que puedan ser liberadas, que abran su código y se dejen hackear participando desde todos los ángulos posibles, reconociendo el pasado y sobre todo reconociendo el trabajo de quien está en frente.

Por último subyacen cuestiones que no veo por qué no pueden ser objeto de debate sin tener que desembocar siempre en cruces de afirmaciones intransigentes que se saben poseedoras de la-verdad-absoluta. Qué pereza. Cosas como la violencia de lo simbólico; cosas como el machismo en la izquierda. ¿De verdad no podemos hablar de ello sin parecer señores un lunes en el bar con el carajillo sentenciando sobre fútbol?

De todos los que he leído, me quedo con el comentario de Alberto Nanclares: «Y digo yo… será tan difícil hacer todo a la vez? Crear un espacio que, además, sea feminista? Y, lo que es peor… Por qué se supone que HAY QUE hacer un tenorio machista?».

Viñeta de Fito Vázquez (www.fito.tv)

Viñeta de Fito Vázquez (www.fito.tv)

Anuncios

Acerca de Carmen Lozano Bright

Carmen Lozano Bright. Periodista e investigadora. Trabajo en goteo.org
Esta entrada fue publicada en 15M, Cultura, Misc. y etiquetada , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s