Desobedecer por «un precio más ‘lúdico’ (sic.)»

No deja de tener su punto que un episodio como el que voy a relatar acabe en una suerte de justicia poética.

El viernes pasado a las tres de la tarde regresaba del trabajo y tomé el metro con mi compañera. Compramos nuestros billetes de 1,50€ e ingresamos a la línea circular en O’Donell. Tendríamos que habernos bajado en Diego de León, pero cambiamos de opinión y continuamos hasta Ópera, ocho estaciones más adelante. El billete hasta nuestro destino final hubiese costado 1,80€.

Al bajarnos en Ópera había revisores verificando los títulos de viaje de todos los que salíamos de la estación. Bien, dijimos. No pasa nada porque podremos abonar la diferencia. Paso yo. El revisor no se da cuenta. Pasa mi compañera y nos llama a las dos. «Os voy a tener que multar por que no lleváis el billete adecuado».  Intentamos dialogar con él, asegurar que podríamos abonar los 0,30€ de diferencia e incluso cuestionarle si le parece justo el “Recargo Extraordinario de veinte veces el importe sencillo” que prevé el reglamento. Nada.

Me pide el DNI para identificarme y cumplimentar la sanción. Me niego a dárselo y él pide a su compañero de seguridad (de una empresa privada) que llame a la Policía Nacional. Qué hambre, las 15:10h.

Dicen que los agente vienen desde Sol y como tardan tanto le doy mis datos al revisor para que vaya tomando nota. En casa hay una pasta deliciosa esperándome y hace calor.

Mientras el revisor cumplimenta la sanción saco el móvil y le hago una foto. El en encuadre aparece la libreta de multas, su mano y un bolígrafo. El guardia de seguridad se da cuenta, me dice que no puedo tomar fotografías dentro de la red de Metro de Madrid. Desde luego, cada día que pasa es un laberinto más privativo.

El revisor se pone más nervioso e insiste en que venga la Policía. Vale, que venga. No la veo llegar.

Esperamos un rato, ya con nuestras multas en la mano, a que llegue la Policía a tratar el asunto de la foto. Les digo que no pueden retenernos ni obligarnos a borrar la fotografía. Ellos solo quieren imponer su autoridad a toda costa. Mientras tanto ya había enviado la foto por WhatsApp (que vaya seguridad también, eh). Más hambre. Y aburrimiento.

Por fin llegan dos policías, vestidos de calle y de verano. Los dos jóvenes y con tatuajes en los brazos. El revisor no pierde oportunidad y les dice «Esta, esta es la chiquita», refiriéndose a mí. «Perdona, no soy una chiquita, soy una mujer, así que por favor trátame con respeto». El policía intenta salir de aquel jardín diciéndome que es sólo un término coloquial… y que ya que soy joven pues… tal. Peor me lo pone: joven y mujer quiere decir para ellos chiquita, infantil, sin criterio.

Nos enseñan la placa y nos apartamos un poco para hablar. No nos identifican. Que si no borro la fotografía el revisor me podría denunciar y las multas previstas en la reforma del Código Penal (que aún no ha entrado en vigor) han incrementado. Por cierto, Naciones Unidas ya ha expresado duras críticas al gobierno español sobre las reformas al Código Penal y la Ley Mordaza.

Les recuerdo que sólo un juez podría determinar que borre la foto. Lo reconocen, pero dejan claro que todo-sería-más-fácil si lo hago. Los policías tampoco tenían muchas ganas de estar ahí ni de que el episodio se complicase. Les sigo preguntando por posibles consecuencias de la multa, denuncia y otros escenarios derivados de este teatro. Si han venido desde Sol para esto, por lo menos vamos a aprovechar el viaje.

Finalmente les digo que voy a borrar la foto. Qué hambre. Lo hago y seguimos charlando. Del revisor y el guardia de seguridad nos habíamos olvidado. Y parecía que ellos también de nosotras. Los policías reconocieron que era injusto una multa de 30€ por no abonar 0,30€. «Ya que llevamos hablando aquí un rato, te voy a hablar con franqueza: es una putada», reconoce el de el pelo engominado. «Pero claro, tienes que tener en cuenta que mucha gente se cuela, que realmente no pagan el billete y eso no puede ser», continúa. Le recuerdo que los precios del transporte urbano en Madrid se han incrementado exponencialmente y el servicio ha empeorado en los últimos años, además de las crecientes privatizaciones del servicio.

«Sí, la verdad es que deberían establecer unos precios más lúdicos…», zanjó el policía tomando de su repositorio de palabras esdrújulas la primera que halló. Qué lejitos estamos de quienes están en nuestras antípodas.

En las antípodas todo es idéntico,
tienen teléfonos, tienen semáforos
con automóviles con sancristóbales,
muchos estómagos están a régimen.
Tienes políticos más bien estúpidos
pero son súbditos muy pusilánimes.
En las antípodas todo es idéntico,
idéntico a lo autóctono.

Anuncios

Acerca de Carmen Lozano Bright

Carmen Lozano Bright. Periodista e investigadora. Trabajo en goteo.org
Esta entrada fue publicada en 15M, Misc., Periodismo y profesión y etiquetada , , , , . Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a Desobedecer por «un precio más ‘lúdico’ (sic.)»

  1. David dijo:

    A mí, una revisora me llegó a decir que, estando dentro de las instalaciones de Metro, no tenía ningún derecho como ciudadano. Eso fué mientras esperaba a que llamara a la polícia. Le pedí que me lo repitiera con el móvil grabando, en ese momento se achantó y dijo que ya “no hacía falta que viniera la policía”. Así son.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s