Mi primer último Zemos

El tiempo no da para más. Hubiera querido escribir antes. Más, antes, mejor, con más pausa. En fin. La cuestión es que ya vamos en el tren, que ya hemos dejado atrás Madrid para, durante unos días, sumergirnos en la 17ª –y última– edición del festival Zemos98 en Sevilla. Vamos a ser muchas allí. La mitad de Twitter por lo menos.

Desde hace años he querido ir a uno de los festivales de este sur, medio centro medio periferia, que tanto han producido para ampliar(nos) el pensamiento sobre producción cultural, lo abierto (¿hasta dónde?), los cuidados y la onda expansiva de la cultura libre (¿liberada?). Y por una u otra razón –que se sitúa en algún punto entre trabajo y precariedad– nunca pude ir.

Este año varias casualidades hacen que viaje a Sevilla por dos motivos. Dos proyectos que, aunque distintos, que se rozan en muchos puntos. Y es gratificante sentir que lo que hacemos sirve. Sirve, no en un sentido utilitarista, sino que conecta, hilvana ideas, modos de pensarnos en ecosistemas un poquito más al margen del neoliberalismo.

Vamos a Sevilla con P2P Plazas: A Southern European Network en la cabeza. Con la idea de conectar maneras de reapropiación de espacios infrautilizados para experimentación y reproducción social… y de establecer diálogos en torno a la sostenibilidad de estos experimentos habitualmente amenazados.

También vamos a participar como colaboradores desde Guerrilla Translation. Esta cooperativa, superestructura y equipo de trabajo y cuidados mutuos es mi casa desde hace unos meses. Hemos traducido algunos materiales para el festival –el documental que veremos esta noche, por ejemplo– y mi compañero Stacco será uno de los intérpretes, de nuevo enlazando mundos entre los participantes angloparlantes y españoles.

Cuando supe que sí haría este viaje, lo que más me apetecía –y que habitualmente echo de menos en ciertos encuentros– era la idea de hacer entre todos. De meter las manos en la masa a la producción conjunta, poniendo en común las experiencias y saberes de cada quién. Eso será el hackcamp de las próximas tres mañanas. Lo han llamado Caring for the City: Reclaim the Commons.

No soy particularmente fan de la cuestión electoral y del asalto a las instituciones. Es decir, sí, soy fan de quienes están poniendo sus cuerpos y saberes en ese campo, pero particularmente me interesa y me preocupa más qué pasa en los bordes de todo esto. Por eso me parece potente poder juntarnos desde focos comunes e intereses diversos a pensar en cómo y desde dónde recuperar la ciudad común, el entorno de todas, la palabra nuestra. ¿Cuidamos de lo urbano para que la ciudad cuide de nosotras?, ¿pensamos en el comuno-poly en el que queremos jugar y lo diseñamos entre todas? Me apetece.

Hagamos en común y agitémoslo todo. Las mentes exhaustas para que descansen, los mismos cuerpos para que bailen, la capacidad de pensar juntos en escenarios emocionantes. Y divertidos, porque si no, paren este tren que yo me bajo de la aventura.

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Stop al Expolio de los Bienes Comunales: el efecto de la ley de “racionalización y sostenibilidad de la Administración Local”

En estos tiempos electorales cuando muchos conocidos nos resultan desconocidos corriendo la maratón municipalista, vale la pena volver la vista un poquito atrás, nomás cuatro años y recordar aprendizajes pausados que para muchas emergieron con el 15M.

Este documental, Stop Expolio de los Bienes Comunales, lo produjo el 15M de León en 2013. Recorren varios pueblos de Castilla y León para conocer la realidad y el trabajo diario de los habitantes del medio rural que viven y cuidan de las tierras comunales, un recurso en peligro tras la Ley de racionalización y sostenibilidad de la Administración Local del 27 de diciembre de 2013.

Que le cuenten a esas señoras cooperativistas qué es el procomún, quién es Elinor Ostrom o dónde está Medialab-Prado.

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3000KG de naranjas

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3000KG de naranjas. Te imaginas 3000KG de naranjas. Los está distribuyendo esta semana la gente de Vaciador34. Hoy he ido por un 0,16666667% de esa cantidad para consumo propio. Con 3000KG de naranjas se podría conquistar el mundo. Se podría combatir a la UIP, reconstruir Ofelia Nieto 29, ir a concentrarse en las Juntas de Distrito esta tarde portando un arma arrojadiza. Con 3000KG de naranjas se pararía una redada en Madriz. 3000KG de naranja corriendo calle abajo por Embajadores y dando al río.

Estos cítricos se habían quedado huérfanos de distribuidor y la cooperativa valenciana que los cosechó los podía a) tirar b) comérselos c) proponer un plan muy loco. Como distribuirlos.

Con 3000KG de naranjas se podría acabar con la crisis, desayunar mucha gente, inundar el hemiciclo del Congreso con zumo. Se podría hacer una parodia de la Revolución Naranja ucraniana. Occupy Orange. Con 3000KG de naranjas se podrían exprimir 9000 vasos de zumo por la mañana.

Con 3000KG de naranjas tendríamos mermelada para todo el Año del Cambio, agua de valencia para las fiestas primaverales y vitaminas para soportar la ola electoral.

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Tánger

Kashba tangerina. Enero 2015 | cc - by - sa

Kashba tangerina. Enero 2015 | cc – by – sa

El murmullo de la plaza Souk Dakhel. El señor que vende tabaco en la esquina. Los parroquianos tomando té en el Tignis. Otros café en el balcón del Fuentes. La Spider Moto que descarga y reparte el pan. La Top Moto que trae el butano. El Zoco Chico. Socco, Sokko, Zoco. La Kashba se extiende subiendo. El puerto de referencia constante, aunque la medina marea, confunde. Y el estrecho. Al otro lado, en frente, la costa gaditana. Zahara de los Atunes, Baelo Claudia. Y Tarifa brillando de noche un poco más al este.

Plaza Souk Dakhel. Zoco Chico Tangerino. Enero 2015 | CC - by - sa

Plaza Souk Dakhel. Zoco Chico Tangerino. Enero 2015 | CC – by – sa

Las calles llenas a todas horas. Niñas y chavales que van y vienen del colegio. A todas horas. Flirteo adolescente bajo los quicios, bajo los pasillos que unen dos casas enfrentadas en cada acera de una callecita. Hombres, muchos. Con y sin chilaba. En chándal. En sandalias. Mujeres, muchas. Con y sin hiyab. A veces con niqab. Coquetas y con chilabas coloridas. Ojos negros, sonrisas cómplices.

Cada calle, un oficio. De la Place du 9 Avril hacia arriba se lavan coches. Más allá se suceden locales de herreros artesanos. Cada oficio una calle. Cada obrero, un local. La segunda planta del mercado central es de los hilanderos. Con sus telares. Tam tam tam. Zapaterías, allá. Cuero, callejeando hacia abajo.

    Kashba tangerina. Enero 2015 | cc - by - sa

Kashba tangerina. Enero 2015 | cc – by – sa

Los bares los indica Abdullah, que tiene seis hijos y esta madrugada se ha levantado a las cuatro para rezar. El Café de París, Le Claridge, el Café de los Navegantes –donde los navegantes juegan parchís, fuman kifi, apuestan a las cartas, beben té–, el Central –con wifi–, el Salon de Thé Vienna, en la rue de Mexique. Y los que ya no están. Los buscamos. Pero ya nada. El Negresco, la Casa Manolo.

Paseo coindante junto al mar, de camino al café Hafa. Enero 2015 | cc - by - sa

Paseo junto al mar, de camino al café Hafa. Enero 2015 | cc – by – sa

Ya nada, tampoco, en el Gran Teatro Cervantes. Es un elefante amarillento que tiende a la ruina en una ladera junto al zoco grande. Un siglo y dos años, cumple ahora. Y nada.

    Kashba tangerina. Enero 2015 | cc - by - sa

Kashba tangerina. Enero 2015 | cc – by – sa

En la terraza del Lux, un centro comercial recién estrenado, deslumbrante y vacío, nos dicen que hay un grupo de poetas que se reúne para hacer slam en darija. No los encontramos.

Eso nos cuenta Farid, el taquillero de la cineteca. Qué guapo es. Vemos La sal de la tierra. Qué impacto, aquí. Tienen wifi también. Y sopa de lentejas y zumo de naranja. Cine, lentejas y naranjas. ¿Qué más?

Segunda planta del mercado central, en el zoco grande tangerino. Zona de hilanderos y tejedores. Enero 2015 | cc - by - sa

Segunda planta del mercado central, en el zoco grande tangerino. Zona de hilanderos y tejedores. Enero 2015 | cc – by – sa

Está el pub Los Chicos. Y la tienda Las Chicas, arriba, al subir la cuesta de la rue de la Kashbah. Casba, Cashba, Kasbah, Alcazaba. Por cierto, es calle de peluquerías también. Coiffeur pour dammes. Coiffeur pour hommes. Aunque la mejor es la peluquería Diplomatique. Al lado de la Casa de España, que parece estancada en 1975.

    Hacia el oeste de la Kashba tangerina, camino al café Hafa. Enero 2015 | cc - by - sa

Hacia el oeste de la Kashba tangerina, camino al café Hafa. Enero 2015 | cc – by – sa

Desde las mezquitas acompaña la llamada al rezo. Nunca sobresalta, más bien acompasa.

Por la noche el ritmo lo marca el cierre de los comercios. Chrrrriun. Las persianas bajan, los paseantes se dispersan. Todos se van yendo, yendo, yendo.

Al final murmullos. Susurros. Y el tras de una escoba barriendo la plaza nos lleva a dormir.

Café Hafa. Enero 2015 | cc - by - sa

Café Hafa. Enero 2015 | cc – by – sa

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Un año para investigar y hacer una cartografía de ‘Plazas P2P’

P2P Plazas: a Southern European Network. Collage realizado con imágenes y carteles de El Campo de Cebada, Universidad Popular Campus de Cebada, El Patio Maravillas, Alg-a-Lab, En Torno a la Silla, La Fábrika de Toda la Vida, ESCatelier Ocupato (It) y CommonsFest (Gr)

P2P Plazas: a Southern European Network. Collage con imágenes y carteles de El Campo de Cebada, Universidad Popular Campus de Cebada, El Patio Maravillas, Alg-a-Lab, En Torno a la Silla, La Fábrika de Toda la Vida, ESCatelier Occupato (It) y CommonsFest (Gr)

Este final de año llega con buenas noticias. El pasado octubre tuve oportunidad de participar junto a otros 49 impulsores de proyectos en el encuentro Idea Camp en Marsella, promovido por el European Cultural Foundation para sacudir ideas y desentrañar qué es y qué hacemos con el –nuestro, de todos– espacio público. Tras ese encuentro, el ECF se comprometía a financiar 25 becas de investigación y desarrollo durante un año. Ayer se publicaron los proyectos becados y el mío está entre los seleccionados.

Bien. No son pocas las vueltas que le hemos dado a este tema. ¿Sobre qué investigar?, ¿qué afecta al espacio público, al entorno compartido, a las construcciones sociales que llevamos a cabo?

La Europa en que vivimos atraviesa hoy una realidad volátil. El deterioro económico y la disolución industrial sufridos durante las últimas décadas han devastado el panorama social y económico de nuestras ciudades y zonas rurales. En consecuencia, un sinfín de infraestructuras industriales y fábricas permanecen vacías e inactivas. El sector público por su parte también ha abandonado edificios y solares. La amenaza constante al Estado del Bienestar ha producido reducciones palpables en servicios como educación, sanidad y cultura. Y, paradójicamente, esta atmósfera resulta empoderadora para que la ciudadanía reclame su propio espacio y patrimonio, formulando roles innovadores en la producción y consumo de la cultura y el espacio público.

Considerando lo que Henri Lefebvre llama el “carácter rítmico de la ciudad“, debemos tomar esos ruidos y voces que emanan del espacio público como expresiones únicas del espíritu actual del sur de Europa, a través de movimientos como el 15M en España, las protestas en Grecia e Italia desde 2011 y las ocupaciones de la plaza Taksim y el parque Gezi en Estambul. Estos movimientos, que emergieron con velocidad y parecían efímeros vistos desde afuera, se revelan hoy esparcidos en una cantidad invaluable de formas en contextos locales. Lo que en el pasado era clandestino, se han convertido en prácticas comunes y aceptadas: huertos urbanos, centros sociales autogestionados, escuelas abiertas, fablabs, okupas, plazas urbanas dinámicas, hacklabs, medialabs, espacios maker y una variedad enorme de redes interconectándolos. Llamamos a este fenómenos del sur de Europa “Plazas P2P”: lugares en los cuales iniciativas de base son capaces de conectar acciones entre pares. La ciudadanía decide por ella misma qué hacer para inventar y participar en nuevas formas de producción y consumo cultural, muy alejados de las llamadas Industrias Culturales.

Fronteras que en el pasado permanecían estrictamente demarcadas, hoy se mezclan e interactúan. Cada entorno local contiene su propio modelo diferenciado para espacios abiertos: las relaciones comunitarias con el lugar determinan una eventual reutilización y fortalecimiento de la participación. Fábricas abandonadas se pueden convertir en nuevos tipos de espacio de trabajo (fablabs, espacios maker, cooperativas de trabajadores), solares vacíos pueden tornarse en espacios comerciales comunitarios (mercados de artesanía o productos locales). La relación cultural de cada barrio con el espacio –y no solo el uso que se le daba originalmente o la licencia legal de actividad– contribuye a su renacimiento. Estos lugares albergan prácticas situadas en conocimientos y aprendizajes particulares que dotan de un significado profundo y expandido a la gestión en común del espacio público.

Aunque todas estas prácticas nos rodean, no hay una imagen panorámica que explique el profundo significado de las transformaciones en nuestras sociedades.

Cada comunidad encuentra su propia manera de proceder a través de distintos formatos legales (y alegales), acuerdos y contratos con propietarios privados y públicos. Si pudiésemos extraer una visión más clara a través del mapeo de experiencias en todo el sur de Europa, incluidos aspectos legales y de gestión sobre cómo afecta la (re)significación a ciertos entornos, proveeríamos un catálogo amplio de prototipos para ser replicados.

Una cartografía de estas prácticas también revela su propio punto débil: la sostenibilidad. Resulta crucial que los gobiernos locales entiendan estas transformaciones y provean apoyo y herramientas para promover iniciativas ciudadanas. Desarrollos futuros de esta investigación podrían conducir a un prototipado de prácticas p2p que establezcan una red a través de sur de Europa, sobre el suelo común de compartir herramientas, conocimientos y marcos legales de actuación.

A través de este año de investigación escucharemos esos ruidos y ritmos que sostienen nuestras ciudades e intentaremos modelar un ‘marco legal mínimo’ que sirva a instituciones y ciudadanos para establecer diálogos y acuerdos. Las comunidades que reformulan el uso de sus entornos locales son centrales para esta investigación. Europa es hoy una deriva incierta. A menudo nos causa rechazo pensar en lo que nos une. Si abordamos la diversidad como nexo común y el contexto socioeconómico y cultural del sur –desde Portugal a Turquía– como soldadura de nuestras diferencias, con suerte obtendremos una vista panorámica y a menudo infrarrepresentada del continente que nos rodea.

Esta investigación no surge de la nada. La inspiran muchas –¡muchas!– iniciativas previas que han aportado al mapa común. Por ejemplo, La Aventura de Aprender, Arquitecturas Colectivas, Meipi, las cartografías del Vivero de Iniciativas Ciudadanas, o la Consumpedia de la Revista Opciones entre otros muchísimos.

En este año, nos acompañarán –y acompañaremos– a otras investigaciones afines como la guía para la activación de espacios públicos de Straddle3 (Barcelona), el proyecto de Adelita Husni-Bey sobre marcos legales para cuestiones habitacionales y de ocupación (Paises Bajos – Italia), el proyecto de mobiliario urbano de código abierto de Radarq (Barcelona), la actividad de Pollinaria (Abruzzo, Italia) y la investigación –algo diferente, pero muy en la línea– de Catherine Lenoble sobre una biblioteca de juguetes hackeables 😉

Seguiremos la pista con gran atención de otros compañeros con proyectos necesarios y de gran impacto como Zemos98 (Sevilla), Sarantaporo.net (Atenas) y 1+1eleven (Puglia, Italia).

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«Padre e hijo salieron de su casa sin violencia»

Captura de pantalla del streaming de joseDRY (http://bambuser.com/v/5107504) en el minuto 3:47. El bombero Roberto Rivas habla con la policía encaramada a una grúa mientras padre e hijo, quienes vivían en la casa, levantan el puño.

Captura de pantalla del streaming de joseDRY (http://bambuser.com/v/5107504) en el minuto 3:47. El bombero Roberto Rivas habla con la policía encaramada a una grúa mientras padre e hijo, quienes vivían en la casa desahuciada de Elviña, A Coruña, levantan el puño.

Desde hace algún tiempo, los informativos de televisión de canales privados —la televisión pública hace mucho tiempo que va a la deriva y emite al dictado lo que dice el Gobierno del Partido Popular— cuentan en directo la historia de un desahucio diario. El desahucio del día (aunque se produzcan decenas). El más sonado, el más jugoso, el de más morbo, el de una anciana sin recursos…

Mientras que en un tiempo pretérito las televisiones solo se referían a los desalojos forzosos de viviendas cuando se producían resistencias, intervenciones de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) o del grupo antidesahucios local y el día acababa en enfrentamientos, agresiones policiales y detenciones, hoy el tono de las informaciones ha cambiado. El trabajo admirable, inconmensurable y lleno de dignidad de la PAH ha calado. Es imposible hablar del desahucio de una mujer de 85 años sin recursos y seguir diciendo que «vivió por encima de sus posibilidades» cuando su vivienda de protección oficial ha sido venida a un fondo buitre. Tampoco cuando trasluce una cuestión evidente de especulación urbanística como el caso de hoy en Elviña, A Coruña. Ya no. Ya no pueden volver atrás y decir que los desahuciados y sus vecinos solidarios y quien hace un streaming desde la vivienda son peligrosos antisistema. Ya no.

Contra todo pronóstico, sorprenden contando la historia desde la perspectiva que siempre faltó en la narrativa mainstream: las personas a quienes expulsan de sus hogares. El trabajo distribuido y persistente de la PAH, hoy marca su agenda.

Sin embargo hay una cuestión enorme, gigante en torno a la palabra «violencia». Este medio día, el Concello de A Coruña ejecutó el desahucio de una familia en el barrio de Elviña. Su casa y el taller aledaño serán derribados para construir un polígono de viviendas. Tras permanecer encerrados toda la mañana junto al bombero que fue sancionado por negarse a participar del desahucio de una anciana en 2013 y dos compañeros de Stop Desahucios Coruña, tuvieron que salir del inmueble. Mientras resistían encaramados al tejado, una excavadora permanecía lista para empezar a actuar. La Policía Local subió con una grúa al tejado donde se encontraban. Desde la calle se oía «Elviña no se vende, Elviña se defiende», «Fóra, fóra» y «vergoña». Los expulsaron por la fuerza, aunque salieran a la calle por su propio pie.

Los informativos de Telecino dieron la noticia a las tres de la tarde. Explicaron el contexto, mostraron la resistencia y la solidaridad del parque de bomberos de A Coruña que se negó a participar de la vergüenza. Con todo esto, la nota acabó con una locución diciendo «padre e hijo salieron de su casa sin violencia». Sin violencia. Lo normal, sin violencia, sin conflicto…

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‘La conquista de las ruinas’, reportaje publicado en La Marea #19

Este reportaje está publicado en papel en el número 19 (septiembre de 2014) de la revista La Marea, de la cooperativa MásPúblico.
Carmen Lozano Bright

 

Panificadora de Vigo, en el barrio da Falperra. Foto Arquitecturas Colectivas 2013

Panificadora de Vigo, en el barrio da Falperra. Foto Arquitecturas Colectivas 2013

El desarrollo descontrolado de las ciudades a menudo produce monstruos. Edificios que una vez sirvieron como fábricas, cárceles y mataderos son hoy gigantes de piedra abandonados a su suerte. Convivimos con espacios urbanos vacíos que, una vez agotado el propósito con el que fueron construidos, ven pasar los días sin utilidad y sin que nadie se preocupe siquiera por su conservación, cerrados, en completa soledad, a lo sumo en compañía de guardias de seguridad. En otros casos, lo único que ha quedado de ellos como huella es un solar. Son el fruto de la especulación inmobiliaria, la dejadez de administraciones públicas y la transformación de las industrias de producción. Son las grietas en las manzanas que habitamos.
Pero lo que es un síntoma de decadencia por un pasado de excesos también está permitiendo transformar y resignificar la ciudad. Corregir la forma que tenemos de habitarla, ponerla de nuevo a disposición de sus habitantes. Vivimos entre una explosión de iniciativas de recuperación de espacios en desuso que se mueve en los márgenes estrictos de lo público ―Administraciones municipales, autonómicas o estatales― y de lo privado ―empresas, capital privado―. Se trata de reivindicaciones vecinales ligadas a la identidad de cada ciudad, a la memoria colectiva local, que con la recuperación de este tipo de espacios buscan satisfacer sus necesidades de infraestructuras, como bibliotecas, espacios culturales, centros sociales, huertos. Son, por tanto, diferentes realidades y diferentes estrategias con un objetivo común: crear comunidad.
Can Batlló, en el barrio de La Bordeta de Barcelona, es un caso paradigmático por varias razones. Las naves distribuidas en nueve hectáreas cesaron su actividad fabril en 2006, tras décadas de declive de sus industrias. El tejido de pequeñas y medianas empresas, que empleaba entre 2.000 y 3.000 trabajadores, se deprimió. Y con él lo hizo todo el barrio. Los vecinos de la zona llevaban treinta años reclamando dotaciones e infraestructuras, parques de vivienda, biblioteca, auditorio, guardería, zonas verdes que nunca se construyeron, aunque existen sobre papel en el Plan General de Ordenamiento Municipal. En 2010, vecinos asociados con el objetivo de mejorar el barrio, hartos de negociar con la Administración, fijaron una fecha límite. «Si el 11 de junio de 2011 no han entrado las máquinas, entraremos nosotros». Así lo cuenta el colectivo de arquitectos LaCol, cooperativa próxima al barrio y a las reivindicaciones vecinales. «Nos involucramos en el proceso de recuperación de Can Batlló por predisposición, por ideología y por la crisis, porque había un tejido asociativo detrás muy fuerte y porque éramos los primeros técnicos que se relacionaban desde el lado del vecino con el vecino».

Cesión, gestión pública, alegalidad
Cuando llegó ese 11 de junio, día de la toma de posesión de la nueva corporación municipal, ni el Gobierno saliente (PSC) ni el entrante (CiU) se había hecho cargo de la situación. La propiedad seguía siendo íntegramente privada, pero ante la presión vecinal se produjo una mediación que terminó con la cesión indefinida del bloque 11. Posteriormente se ha conseguido la apertura de más bloques. «Ya hay carpintería, biblioteca, auditorio, rocódromo, espacios para entidades y de encuentro, un bar con el que se intenta autofinanciar la actividad…», resumen desde LaCol. Además, Can Batlló prevé proyectos de sostenibilidad: vivero de cooperativas y cesión de suelo público a 75 años para vivienda cooperativa. «Y otro de los logros», añade el colectivo, «es que ya no es cerrado. Antes se entraba por una puerta que ponía “recinto privado”. Se tiró el muro y se hizo un parque de acceso peatonal con huertos».
No hay un modelo que funcione ni una fórmula exacta a replicar en cada uno de estos procesos de recuperación. Son intervenciones que van desde iniciativas institucionales hasta okupaciones, pasando por acuerdos de cesión complejos e intervenciones temporales que a menudo se enfrentan a la alegalidad y a largos procesos de mediación. Entre tanto, siempre dialogan con el capital simbólico y la memoria común.
La antigua cárcel provincial de A Coruña está cerrada desde 2009. Es propiedad del Concello, pero la gestionaba en permuta la Sociedad de Infraestructuras y Equipamientos Penitenciarios, organismo del Ministerio de Interior encargado de las prisiones. Al cesar su actividad, ninguno de los dos ha movido ficha sobre el edificio. Se trata de 5.000 metros cuadrados sobre una parcela de 13.000. Desde 2010, la Plataforma Cidadá Proxecto Cárcere reclama la conservación de la construcción y una cesión para uso comunitario. Sólo han conseguido entrar una vez, en 2011. Durante una semana llevaron a cabo jornadas culturales que hicieron visible el conflicto y evaluaron el estado del edificio. Posteriormente, sólo se ha abierto para acoger algún rodaje, explica Alberto Fortes, miembro del colectivo. La cárcel está situada junto a la Torre de Hércules, donde hubo fusilamientos durante el franquismo, y conserva historias de represión inseparables de la historia de la ciudad, por lo que la reivindicación está profundamente ligada a la memoria histórica coruñesa.
«A pesar de que no tenemos el espacio, sí que hay una estrategia», cuenta Fortes. No solo han trazado un plan de viabilidad que incluye la posibilidad de albergue, museo, zonas de creación artística y proyectos cooperativos autogestionados, sino que realizan convocatorias como recogidas de firmas o concursos para mantener viva la inquietud por el futuro de su cárcel.

De todos y de nadie
Complejo también es el caso de la Panificadora de Vigo, «un elemento insigne del patrimonio industrial gallego, pionera de la industria harino-panadera en España, causa y efecto del auge industrial y demográfico de la comarca viguesa», explica Daniel Uxío Reinoso, historiador y miembro del colectivo Entremos na Panificadora. Construida en 1924, dejó de alimentar a Galicia en 1980. Desde 2008 «diferentes colectivos (Entremos na Panificadora, Salvemos la Panificadora, Outra Panificadora é Posible y Tankollectif), de forma separada o coordinada, comenzamos a realizar campañas para sensibilizar y hacer reflexionar a la ciudadanía sobre que futuro queríamos para la parcela», comenta Reinoso. No se han logrado acuerdos ni con la Administración, para que se implique en su conservación, ni con la propiedad (privada), pero la reivindicación del edificio mantiene a este gigante del barrio da Falperra presente en la memoria viguesa.
Lo que nace de estas propuestas es algo nuevo. Es lo que el colectivo de conservación patrimonial Niquelarte define como BIComún, «una categoría mancomunada de protección patrimonial liberada en la red, en dominio público, con una finalidad expansiva, libre y simbólica», explica Adela Vázquez. Una mezcla entre la categoría de protección Bien de Interés Cultural y el carácter «común» de estos lugares «que son de todos y a la vez de nadie». Niquelarte ha identificado estas características en más de una decena de espacios en los que han trabajado, de Galicia a México pasando por Madrid. Para hacerse una idea de la dimensión internacional del fenómeno: precisamente en Vigo se celebrará este mes el encuentro Cooperland, iniciativa para promover una red de prácticas cooperativas europeas que amplíe el intercambio, coproducción y ayuda mutua entre colectivos de intervención en el espacio público.
Quienes habitan solares vacíos para regar huertos urbanos también tratan de cuidar sus comunidades. En Benimaclet (Valencia), los vecinos han recuperado unos terrenos destinados a parques públicos abandonados hace más de quince años, restableciendo las acequias que tradicionalmente servían para regar las huertas. También es el caso de Málaga, donde un solar en las inmediaciones del cementerio de San Miguel ha dado lugar a El Caminito, un huerto cuidado por vecinos del centro desde hace tres años. O del Huerto del Rey Moro, un espacio verde autogestionado desde 2004 en el casco histórico de Sevilla.
Tanto en unos casos como en otros, «es necesario valorar y escuchar cuáles son los criterios, que no los marca la Administración ni los conservadores o gestores, sino la ciudadanía que vive y se preocupa por aquello que está en su territorio», remata Vázquez.

 

Carne reciclada en cultura

Los mataderos, lugares donde se sacrificaban cientos de piezas de ganado a diario, se almacenaba la carne y se distribuía para consumo, hace tiempo que dejaron de jugar un papel en la industria cárnica. Su actividad se ha trasladado a naves y polígonos periféricos de las ciudades. Pero, ¿qué hacer con los edificios? No es extraño que cada ciudad tenga su propio matadero cerrado, en ruinas o abandonado. Suelen ser espacios diáfanos y estar compuestos por grandes naves: ideales para reciclarlos, darles uso para la ciudadanía y para la cultura contemporánea. Madrid, Toulouse, Salta (Argentina), Viena, Roma, Oksnehallen (Dinamarca), Cochabamba (Bolivia), Huesca y Zaragoza son algunas ciudades que han apostado por recuperar los suyos.
Luis Lles, técnico de Cultura del Ayuntamiento de Huesca y programador del Matadero de Huesca explica el valor que la recuperación del recinto ha supuesto para la ciudad: «Al hilo del Matadero han surgido otros espacios alternativos, por lo que no se trata solo de un espacio de difusión cultural, sino de creación». En 1997 se comenzó a rehabilitar aunque abrió sus puertas en el 2000. Está íntegramente destinado a cultura y aunque predomina la programación musical, cuenta con salas para exposiciones, conferencias, ensayo y un teatro de 260 localidades. La gestión es íntegramente pública y depende del gobierno municipal.
Mayor es la escala del Matadero de Madrid, dependiente del Ayuntamiento. Un recinto que abarca 165.415 metros cuadrados en el Distrito de Arganzuela. En 1970 las instalaciones quedaron obsoletas y a mediados de la década pasada comenzó un proceso de recuperación y adecuación arquitectónica, hasta situar su uso cultural en el 75% del espacio. Aunque su gestión depende del Gobierno municipal, en la práctica empresas y fundaciones sostienen su actividad día a día, y el alquiler de las diversas instalaciones es la prioridad de los gestores municipales.
Fuera del territorio español, hacia el sur, Les Abattoires de Casablanca es parada obligatoria como otro referente. Surtió de carne a la ciudad desde 1922 hasta el año 2000 y posteriormente ha sido transformado en La Fabrique Culturelle des Anciens Abattoires, un espacio público con vocación hacia las artes urbanas, la creación, difusión y formación de disciplinas artísticas.
Y de ahí al mARTadero de Cochabamba, en Bolivia. El recinto, prácticamente en ruinas, se puso en marcha en 2005 cuando en Concejo Municipal lo cedió a la asociación artística N.A.D.A. «El equipo se organiza de forma horizontal, colaborativa, estructurada, abierta, para una construcción colectiva y progresiva de el proyecto», explica Daniel Cotillas, responsable de comunicación. Tras años de reconstrucción, actualmente se encuentran sumergidos «en la fase mARTadero 2.0», unas líneas de acción relacionadas con «la inter-media-acción, la autogestión, con las redes, con el barrio y con la cultura (promoviendo que la creación y la generación de conocimiento sea construida y compartida bajo los principios éticos de la cultura libre)».

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