Inevitable golosa

Anoche, una mosca impertinente osó interrumpir ese delicioso momento en el que me metía a la cama dispuesta a dormir profundamente.

Pequeñita y revoltosa, como las moscas a las que canta Serrat, no cesaba de susurrar con su vuelo de un lado a otro de la habitación.

Yo, que nunca he sido un as de la cacería, di por imposible emprender a esas horas un proyecto para matarla. Resignada a escucharla hasta caer en algún sueño, encendí la luz de la mesita de noche y me sumergí en la plácida lectura de mi libro.

Mi compañera de cuarto, instintivamente atraída por la luz, rondaba la única lámpara junto a mí. Y como aquella vez cuando la curiosidad mató al gato, se introdujo en el cilindro de cristal donde brillaba el foco.

¡Mirá de quién te burlaste! pensé y encerré a mi amiga voladora con otro libro como tapa del cilindro.

El susurro cesó. El peso de la sabiduría que encierra el libro también encerró a la pequeña mosca negra y yo no pude más que sentir una sutil satisfacción de haber vencido a quien disputaba mi espacio de aquella forma tan elegante.

Las moscas – Serrat

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Acerca de Carmen Lozano Bright

Carmen Lozano Bright. Periodista e investigadora. Trabajo en goteo.org
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